Musulmanes y terrorismo

08/Sep/2014

El País, Julia Rodríguez Larreta

Musulmanes y terrorismo

Despavoridas, las
personas civilizadas advierten impotentes las atrocidades que transmiten las
noticias que llegan a diario desde medio oriente. Los baños de sangre y de
terror que enlutan a miles de hombres, mujeres, niños y familias enteras, son
parte de una danza macabra interminable, protagonizada por seres ebrios de
odio, de intolerancia, mesianismo y venganza, con ansias de poder y dominio y
peligrosa omnipotencia.

Mientras la cristiandad
superó hace mucho las épocas guerreras de las cruzadas, los tenebrosos tiempos
de la inquisición y las sangrientas guerras de religión, el islam (parte de él,
al menos) sigue hundido en la obscuridad cruel de siglos pasados.

El acuerdo Sykes-Picot
entre Inglaterra y Francia, que diseñó las fronteras al sur de Turquía, tras la
caída del imperio otomano y creó el mapa que dio forma de estado al Líbano, a
Siria, a Irak y hasta cierto punto a la península arábiga, está siendo
ferozmente vulnerado.

Al mismo tiempo, como la
Hidra de Lerna, la serpiente de mil cabezas de venenoso aliento, el fanatismo
musulmán traspasa su región geográfica y su contaminación llega a Europa en dos
vertientes.

Por un lado el espeluznante
fenómeno de jóvenes con ciudadanía europea y vocación de terrorista, que se
toman el avión para ir a integrarse a las organizaciones fundamentalistas, en
busca del entrenamiento necesario para comenzar a matar, secuestrar, degollar,
en nombre de una demente utopía como la del califato islámico. El llamado
«EI» uno de los grupos más ricos, que dispone de US$ 1300 a US$ 2000
millones por el dinero de secuestros, robos, donaciones de multimillonarios
islámicos, contrabando, peajes, extorsiones y el control de 7 campos petroleros
y dos refinerías al norte de Irak y otro tanto, en Siria. Venden el producido
en el mercado negro y se han apoderado de Mosul, la segunda ciudad de Irak.

El fanatismo absorbe a
jóvenes de las periferias de las grandes ciudades del Reino Unido, de Holanda,
de Bélgica, Alemania, España y hasta de las naciones más prósperas, como las
escandinavas. Es gente que se siente marginada, con futuro nebuloso, sin objetivos
en la vida. La mayoría son segunda generación de inmigrantes, pero lo increíble
es que también hay europeos como esa británica que se hace llamar Umm Hussain,
madre de algunos hijos, que siempre vivió de la ayuda social. Nunca trabajó y
para no quedarse atrás frente a sus nuevos pares, publica su deseos de cortar
cabezas de cristianos.

O los perversos que
oficiando de verdugos han decapitado con total sangre fría a dos inocentes
periodistas norteamericanos. Siempre con una cámara delante, para difundir la
escena urbi et orbi, ya que les interesa que el pánico se extienda y se tema.

Pero no solo existe el
problema de estos cientos o miles que van a foguearse en el terreno, además del
peligro latente de que regresen, gracias a sus pasaportes de la UE para luego
cometer allí nuevas atrocidades.

Hay otros riesgos que
tienen muy preocupados a los europeos, asustados por el número creciente de
musulmanes en sus países, que al decir del holandés Geerte Wilders, Presidente
del partido Freedom of the Netherlands, en una conferencia en Estados Unidos,
se trata de ocupantes, porque no vienen para integrarse a la sociedad que los
acoge. «El Islam más que una religión es una ideología política. Un
sistema que imparte severas reglas para la sociedad y la vida de cada persona
dictando sobre cada aspecto de ella. Islam es sumisión. No es compatible con la
libertad y la democracia, su objetivo es imponer la «sharia». La
Universidad de San Diego, California, ha calculado que en 12 años, el 25% de la
población europea será musulmana y de acuerdo a Bernhard Lewis, a fin de siglo
serán la mayoría. En Inglaterra, ya hay juzgados en el sistema legal británico
que aplican la «sharia». En Francia hay muchos barrios donde las
mujeres no pueden entrar si llevan la cabeza descubierta mientras proliferan
las mezquitas. A los profesores se les indica evitar autores que ofendan a los
islámicos, tal Voltaire, Diderot, Darwin. Tampoco se puede hablar del
Holocausto judío.